Cuatro paisajes tejidos: historia de una alfombra que cambió de forma
Cuando la lana, el telar y el tiempo deciden el destino de una pieza.
Hay encargos que piden algo más que una pieza textil. Piden tiempo, escucha y un proceso capaz de adaptarse a una idea que evoluciona mientras se crea. Este es el diario de una alfombra que terminó convirtiéndose en cuatro tapices tejidos con lana de ovejas autóctonas españolas.
Todo comenzó con un encargo muy especial: crear una alfombra destinada a cubrir una trampilla situada en el suelo de un despacho. Desde el principio tuvimos claras las premisas del proyecto: debía ser una pieza completamente artesanal, realizada con las manos, con paciencia y utilizando materiales naturales. La lana de ovejas autóctonas españolas sería la gran protagonista.
La propuesta inicial consistía en cuatro paneles independientes que, una vez terminados, se unirían para formar una única alfombra. Cada panel tendría un diseño propio, pero todos compartirían un mismo tamaño y un elemento común: la lana Talaverana de la finca El Arreciado, presente en toda la obra.
En los dos primeros paneles combinamos esta lana con lana Galega. Para el tercer panel incorporamos además lana Merina Trashumante procedente de rebaños de Cáceres. Su tonalidad oscura aportó nuevos matices al tejido y nos permitió experimentar con mezclas tanto durante el hilado como en el telar.
Como ocurre en todos nuestros trabajos, el proceso fue lento y respetuoso con los ritmos de la materia prima. Lavamos la lana a mano y la dejamos secar al aire. Durante los meses fríos, esta etapa requiere una dosis extra de paciencia. Una vez seca, la escarmenamos y cardamos para airear las fibras y eliminar las últimas impurezas.
Después llegó el momento del hilado. Utilizamos tanto el huso como el torno de hilar, aprovechando la experiencia de cada artesana en una técnica diferente. Cada madeja fue tomando forma poco a poco, conservando el carácter único de una lana transformada sin prisas.
Con el hilo preparado montamos una urdimbre de algodón 100 % en el telar de alto lizo. A partir de ahí comenzó el tejido. El punto base elegido fue el tafetán, una estructura sencilla y resistente que consiste en alternar las pasadas de la trama por la urdimbre en cada vuelta.
Sin embargo, el diseño definitivo no estaba completamente decidido. Fue apareciendo durante el proceso, guiado por lo que en tejido llamamos loom thinking: dejar que el propio telar, los materiales y el tejido sugieran el camino. Alternando blancos y marrones, utilizando los colores por separado o mezclados entre sí, fueron surgiendo texturas y dibujos irrepetibles.
Cada panel acabó adquiriendo una personalidad propia:
Y cada tapiz tiene un nombre propio
1. Trashumancia
Líneas que entran y salen, evocando los caminos recorridos por los rebaños y las rutas ganaderas que conectan territorios.
2. Campos de cultivo en otoño
Un paisaje de parcelas y tonalidades terrosas inspirado en los campos después de la cosecha.
3. Tierras empedradas
Texturas y contrastes que recuerdan los caminos de piedra y los terrenos irregulares modelados por el tiempo.
4. Zig Zag
Un juego dinámico de líneas y ritmos que aporta movimiento al conjunto.

Los cuatro paisajes tejidos




La composición
Cuando los cuatro paneles estuvieron terminados los unimos formando una composición semejante a un damero de colores, texturas y paisajes textiles. Sin embargo, durante el proceso surgió una nueva posibilidad. Al contemplar cada panel por separado descubrimos que cada uno tenía suficiente fuerza para vivir de manera independiente.
Así, la alfombra cambió de destino. Lo que nació como una única pieza terminó convirtiéndose en cuatro tapices individuales, cuatro obras conectadas por la misma lana, el mismo proceso y la misma historia, pero capaces de habitar espacios distintos.
Quizá esa sea una de las mayores enseñanzas de la artesanía: aunque comenzamos con una idea, son los materiales, el tiempo y las manos quienes terminan revelando la forma que la pieza quiere llegar a ser.
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