El fresno con lana
Del vellón a la obra
El viaje de la lana en El Fresno
Hay proyectos que se hacen con las manos… y otros que también se tejen con la emoción. Así ha sido “Del vellón a la obra”, un viaje compartido durante 8 sesiones (16 en total al trabajar en dos grupos) que comenzó el 27 de noviembre y terminó el 19 de marzo, cada jueves por la tarde, en El Fresno.
Niños y niñas de entre 3 y 11 años, acompañados por un adulto, se adentraron en un proceso casi mágico: descubrir la lana desde su estado más puro hasta convertirla en una obra colectiva que verá la luz en el Festival de Ávhila.
Primer encuentro: tocar la lana
Todo empezó con un vellón extendido en el suelo. Sucio, con olor, lleno de vida.
Las primeras reacciones no se hicieron esperar:
«¡Qué asco!», «¡Huele fatal!»
Pero bastó meter las manos en el agua para que algo cambiara.
Gracias a la visita de Andrés, el pastor del pueblo, entendimos de dónde viene la lana, cómo se cuida a las ovejas y por qué este material es tan valioso. Y así, casi sin darnos cuenta, aquello que al principio generaba rechazo… empezó a enganchar.
Lavar, observar, descubrir
El proceso de lavado fue toda una experiencia sensorial.
Los más pequeños disfrutaban sin filtros: tocar, mojar, chapotear.
Los mayores, al principio más reticentes, acabaron fascinados al ver cómo la lana, poco a poco, se volvía más blanca con cada lavado.
Fue el primer aprendizaje: la transformación requiere tiempo, cuidado y paciencia.

De la fibra al hilo
Con la lana ya limpia, llegó el momento de conocerla de verdad: quitar pajitas, abrirla (escarmenar), cardarla… y finalmente, hilar.
En Infantil, el tacto suave de la lana y su transformación en pequeñas bolitas fue todo un descubrimiento.
En Primaria, aparecieron palabras nuevas y también la sorpresa: “¡es suave!”
Algunos lograron hilar hebras largas, casi infinitas.
Jugar, crear, experimentar
La lana empezó a convertirse en juego y en creación:
- Bolitas de lana que se transformaron en adornos, collares o móviles
- Jabones envueltos en lana que, tras frotar en agua caliente, sorprendían con espuma y suavidad
- Tejido con los dedos y con lucet, que los más pequeños describían como “magia” al ver aparecer los cordones
- Trenzas y dibujos que fascinaban a los mayores
Cada técnica era un pequeño descubrimiento.


Tejer historias
Los telares marcaron un antes y un después.
Los más pequeños trabajaron en telares más sencillos; los mayores, en estructuras más grandes. Poco a poco, hilo a hilo, comenzaron a aparecer formas: animales, árboles, pequeñas escenas.
Tejer dejó de ser solo una técnica para convertirse en una forma de contar.
El Reto Hilandia
Dentro del proyecto, también nos sumamos al Reto Hilandia, una iniciativa solidaria que busca crear el mayor rebaño virtual de ovejas del mundo.
Cada oveja creada suma, y por cada 10 ovejas recibidas se dona un ovillo de lana para tejer para personas vulnerables.
Puedes ver todas las ovejas en:
www.hilandia.com/reto-hilandia
Y estos son los protagonistas que han formado parte de este pequeño gran rebaño:
Borja Sánchez, Erick y Zoe Sánchez, Abril Álvarez, Marcos y Daniel Miranda, Biolo, Elsa, Diego García, Margot y Cora, Amelia y Julia, Juan Cristóbal Pozo, Patricia Lana, Conor, Cristina Sánchez Martín, Neizan San Gil, Inés Jiménez, Martín Calvo, Candela y Carmen.
Una obra colectiva
El último día, ambos grupos se unieron. Crearon El Fresno con lana un obra realizada con sus creaciones sobre un tapiz que podrán exibir en el cole y que se presenta en Festival Avhila 2026
Fue un momento especial: juntar todo lo aprendido, todas las manos, todas las ideas. La lana ya no era solo material… era memoria del proceso.
El resultado: una obra colectiva que combina técnicas, tiempos y miradas.

Lo que queda
Más allá de lo creado, queda lo vivido:
- El paso del rechazo a la curiosidad
- El descubrimiento del valor de lo natural
- La paciencia de los procesos lentos
- La alegría de crear juntos
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